El Corán y la ciencia empírica: Cosmología, evolucionismo y deconstrucción de aparentes contradicciones desde la racionalidad chiita
Equipo Editorial de Islamoriente
Introducción: La crisis del conflicto entre ciencia y religión en Occidente y la extrapolación del trauma eclesiástico al islam
En la historia del pensamiento occidental, la relación entre la religión y la ciencia ha estado marcada por episodios traumáticos y agudas confrontaciones. Desde el célebre juicio de la Inquisición contra Galileo Galilei por defender el heliocentrismo copernicano hasta las encarnizadas controversias del siglo XIX desencadenadas por la publicación de El origen de las especies de Charles Darwin, la memoria colectiva y académica de Occidente se estructuró bajo la premisa de que el progreso científico exige inexorablemente el retroceso de la fe, y que la adhesión religiosa equivale a un dogmatismo oscurantista. Esta memoria histórica cristalizó durante la Ilustración y el siglo XIX en el llamado «cientificismo positivista» (scientism): una postura filosófica reduccionista que considera el método empírico, sensible y experimental de laboratorio como la única vía válida para acceder a la realidad, relegando todo conocimiento metafísico o revelado a la categoría de superstición o carencia de sentido epistémico.
Sin embargo, el grave error metodológico en el que incurrieron numerosos orientalistas del siglo XX y destacados exponentes del ateísmo contemporáneo (como Richard Dawkins) consiste en extrapolar indebidamente la crisis histórica del cristianismo medieval al universo conceptual del islam. El Sagrado Corán es un texto que, a diferencia del Antiguo Testamento o de las resoluciones de los concilios eclesiásticos medievales, jamás canonizó el modelo astronómico geocéntrico de Claudio Ptolomeo ni la biología rudimentaria de la Antigüedad clásica como parte de sus dogmas de fe inmutables. Más de setecientos cincuenta versículos coránicos exhortan explícitamente al ser humano a contemplar la naturaleza, observar los fenómenos cósmicos, ejercitar el intelecto (‘aql), meditar profundamente (tafakkur) y buscar el conocimiento en todas sus dimensiones.
El desafío contemporáneo radica en esclarecer la relación entre el lenguaje de guía espiritual y existencial del Corán y los descubrimientos dinámicos de las ciencias experimentales. En este horizonte, la escuela racional del islam chiita, sustentada en un prolífico legado filosófico, teológico y hermenéutico, ofrece un marco conceptual riguroso que elude dos trampas contemporáneas: ni sucumbe al fundamentalismo anticientífico ni cae en la pseudociencia de las concordancias forzadas del sensacionalismo divulgativo.
Epistemología coránica y metodología hermenéutica: Crítica a dos extravíos contemporáneos
Antes de abordar cuestiones específicas como la astrofísica o la biología evolutiva, resulta imperativo delimitar la epistemología y el método hermenéutico con el que el pensamiento islámico se aproxima al texto sagrado. En la época moderna han proliferado dos posturas extremas y metodológicamente viciadas:
El sensacionalismo de la concordancia forzada
Esta corriente, desarrollada a lo largo del último siglo por ciertos autores de corte apologético popular, intenta extraer de manera precipitada y literal cualquier hipótesis o teoría científica en boga —desde los agujeros negros y la relatividad de Einstein hasta la mecánica cuántica y la velocidad de la luz— de los versículos coránicos, proclamando el «milagro científico» (i’yaz ‘ilmi) del texto. El defecto epistemológico de este enfoque reside en ignorar que la ciencia empírica es intrínsecamente mutable, provisional y sujeta al principio de falsabilidad de Karl Popper; las teorías científicas se perfeccionan, corrigen o sustituyen continuamente. Vincular la palabra eterna y trascendente de la revelación divina a hipótesis experimentales transitorias acarrea el grave riesgo de que, cuando una teoría sea reformulada o refutada en el laboratorio, la fe del creyente en la veracidad del Corán quede comprometida. El Corán no es un manual de ingeniería, un tratado de astrofísica ni una guía de laboratorio químico.
El fundamentalismo anticientífico (literalismo salafista y creacionismo radical)
En el extremo opuesto, corrientes de corte salafista y literalista quedan ancladas en la superficie literal de los textos antiguos, rechazando toda mediación racional o interpretación metafórica (ta’wil). Al tachar las ciencias experimentales modernas de «herejía» (bid‘ah) o influencia espuria cuando una teoría parece contradecir su lectura simplista, replican con exactitud el comportamiento inquisitorial de la Iglesia medieval en tierras islámicas.
La perspectiva de la racionalidad chiita: ‘Allamah Tabataba’i, Morteza Motahhari y el Ayatolá Jo’i
En la teología chiita, el Corán se define fundamentalmente como un «libro de guía existencial y moral» (kitab hidayah): «En verdad, este Corán guía hacia lo que es más recto y equilibrado» (Corán, 17:9). Su propósito primordial es transformar espiritualmente al ser humano, educar su conciencia ética y abrir su mirada al reconocimiento de la Unicidad Divina (Tawhid), no instruir sobre leyes cuantitativas de la física.
No obstante, pensadores señeros como Muhammad Husayn Tabataba’i (en su monumental exégesis Al-Mizan fi Tafsir al-Qur’an), el filósofo mártir Morteza Motahhari y el gran jurista Abu al-Qasim al-Jo’i articularon dos principios cardinales para resolver cualquier aparente fricción:
La armonía intrínseca entre creación y revelación (Takwin y Tashri‘): El Dios que reveló el libro de la palabra (el Corán) es el mismo Creador que diseñó el libro del cosmos (la naturaleza o takwin). Siendo Dios la Verdad Absoluta (Al-Haqq), es lógicamente imposible que exista una contradicción real y definitiva entre una verdad demostrada del orden natural y una enseñanza auténtica de la revelación.
La autoridad del intelecto demostrativo (Al-‘Aql al-Qat‘i) como indicio hermenéutico: En la jurisprudencia teórica (usul al-fiqh) y la teología racional chiita, la razón concluyente y probada constituye una de las fuentes formales del conocimiento. Si un descubrimiento científico abandona el rango de mera hipótesis tentativa y alcanza el estatuto de certeza empírica incontrovertible y demostrable, esta certeza opera como un elemento contextual (qarinah) que exige reexaminar y profundizar en el sentido aparente del texto sagrado, recurriendo a niveles más profundos de significado (ta’wil), puesto que un discurso sabio jamás puede contradecir la evidencia irrefutable de la realidad.
Cosmología en el Corán: Fenomenología cósmica y superación del geocentrismo mítico
Críticos escépticos de Occidente afirman en ocasiones que el Corán simplemente reproduce la cosmología geocéntrica de Ptolomeo, la noción de una Tierra plana y los mitos cosmogónicos del antiguo Cercano Oriente. Un examen riguroso del vocabulario árabe original y del contexto discursivo desmiente tajantemente dicha tesis.
La creación en «seis días» (Sittat Ayyam)
Uno de los reparos más comunes sostiene que hablar de una creación en seis días carece de sentido antes de la formación del planeta Tierra y del ciclo solar. Sin embargo, en el léxico árabe clásico y en el estilo retórico del Corán, el vocablo yawm (plural ayyam) no designa únicamente el lapso astronómico de veinticuatro horas determinado por la rotación terrestre; denota, en sentido amplio, una «etapa, época o período de transformación histórica o cósmica». El propio Corán aclara esta relatividad temporal de manera categórica: «Ciertamente, un día ante tu Señor es como mil años de los que vosotros contáis» (Corán, 22:47), e incluso alude a un día cuya medida equivale a cincuenta mil años (Corán, 70:4). Por tanto, la expresión sittat ayyam describe seis grandes eones, eras geológicas o etapas sucesivas de evolución cosmológica mediante las cuales la materia primordial fue estructurándose hasta adquirir su configuración actual.
Los «siete cielos» (Sab‘a Samawat)
El término árabe sama’ (cielo) posee una polisemia enriquecedora: designa la dirección superior, la atmósfera que envuelve a la Tierra, y los diferentes estratos ontológicos o dimensiones del cosmos material e inmaterial. En la lingüística semítica, el número siete connota frecuentemente multitud, vastedad o estratificación de órbitas, y no las esferas de cristal rígidas de la física aristotélica. Es sumamente revelador que el Corán sitúe la totalidad de las estrellas, galaxias y cuerpos luminosos observables exclusivamente dentro del «cielo más bajo» o cielo inmediato (al-sama’ al-dunya): «Ciertamente hemos adornado el cielo más bajo con el ornamento de las estrellas» (Corán, 37:6). Esto evidencia que todo el universo físico y observable accesible a nuestros telescopios y radiotelescopios corresponde apenas al primer nivel de la magna creación divina.
La expansión del universo y la singularidad primordial
En la sura Al-Dhariyat, el versículo 47 expresa con nitidez: «Y el cielo lo hemos construido con poder, y ciertamente Nos encontramos expandiéndolo continuamente» (wa inna la-musi‘un). Mientras que la física teórica occidental sostuvo el dogma de un universo estático hasta bien entrado el siglo XX —cuando las observaciones astronómicas de Edwin Hubble y las ecuaciones de Georges Lemaître revolucionaron la astrofísica—, la utilización coránica del participio activo musi‘un connota dinamismo y una expansión espacial continua. Asimismo, el versículo 30 de la sura Al-Anbiya’ plantea: «¿Acaso no ven los incrédulos que los cielos y la tierra estaban integrados en una masa compacta e indiferenciada (ratqan) y luego los separamos y hendimos (fataqnahuma)?». Esta formulación evoca de manera extraordinaria la noción de un origen unitario y ultradenso de la materia y el espacio-tiempo que posteriormente experimentó una descomunal diferenciación y despliegue cósmico.
La esfericidad terrestre y la dinámica orbital
Frente a las alegaciones de que el Corán concibe la Tierra como una superficie plana inmóvil, el texto sagrado describe el movimiento de los cuerpos celestes señalando: «Ni el sol puede alcanzar a la luna, ni la noche adelantarse al día; y cada uno de ellos navega y nada (yasbahun) en una órbita determinada» (Corán, 36:40). El verbo yasbahu evoca un desplazamiento fluido, dinámico y libre en el medio espacial, ajeno por completo al encajonamiento en esferas rígidas. Por su parte, la sura Al-Zumar (39:5) declara: «Él envuelve (yukawwiru) la noche sobre el día y envuelve el día sobre la noche». El verbo kawwara, de donde procede la palabra kurah (esfera), hace referencia precisa al acto de enrollar un turbante sobre un objeto esférico o curvo, lo que constituye una descripción sutil y visualmente exacta de la rotación de un cuerpo redondo que genera la alternancia progresiva de la luz y la penumbra.
El Corán y la teoría de la evolución biológica: ¿Exige el darwinismo el ateísmo?
La principal controversia contemporánea en el ámbito de las ciencias biológicas reside en el origen de las especies y la hominización. En amplios sectores del fundamentalismo bíblico occidental predomina una lectura estrictamente creacionista que fija la aparición del hombre en un acto mágico e instantáneo hace apenas unos seis mil años. Debido a ello, gran parte del público occidental asume erróneamente que el islam debe compartir ese mismo conflicto insalvable con la biología evolutiva.
Diferenciación analítica: Hipótesis biológica versus cosmovisión materialista
Los teólogos y filósofos chiitas contemporáneos han establecido una demarcación conceptual rigurosa:
La evolución como mecanismo biológico (mutación genética y selección natural): Se trata de un modelo explicativo de las ciencias de la vida que busca dilucidar la diversificación de los organismos y su filogenia. Su corroboración, ajuste o sustitución compete exclusivamente al método científico y a los datos de la paleontología y la genética, no a los textos sagrados.
El darwinismo filosófico o evolucionismo ideológico: La afirmación metafísica que sostiene que el proceso evolutivo es producto del azar ciego y desprovisto de todo propósito, inteligencia ordenadora o causa trascendente. Esta conclusión no es un resultado comprobado en laboratorio; constituye un postulado ontológico materialista que se extrapola subrepticiamente sobre los datos científicos.
La perspectiva exegética chiita y las tradiciones sobre la humanidad preadámica
‘Allamah Tabataba’i en Al-Mizan, al analizar los versículos relativos a la creación de Adán a partir de arcilla o tierra (tin), subraya que la actual especie humana (Bani Adam) desciende de este progenitor arquetípico. No obstante, tanto Tabataba’i como Morteza Motahhari destacan dos aspectos teológicos fundamentales:
En primer lugar, los textos coránicos no niegan en modo alguno la existencia previa de otros ciclos de seres humanos o de homínidos extintos sobre la faz de la Tierra. Esta apertura hermenéutica encuentra un sólido respaldo en las tradiciones narradas por los Imames infalibles de la Casa del Profeta (Ahlul Bayt). El Imam Muhammad al-Baqir (P) y el Imam Ya‘far al-Sadiq (P) transmitieron: «¿Acaso creéis que Dios no ha creado a ningún ser humano excepto a vosotros? ¡Por Dios que Él ha creado miles de miles de mundos y miles de miles de humanidades (adanes), y vosotros os encontráis en el último de esos mundos y sois la última de esas humanidades!»(Kitab al-Tawhid de Sheij al-Saduq, p. 277).
En segundo lugar, incluso si la continuidad de la evolución biológica fuese demostrada como una ley universal concluyente, desde una perspectiva monoteísta la evolución no sería sino la «guía creadora y el diseño continuo de Dios» operando a través de causas segundas y leyes naturales. Como proclama el Corán: «Nuestro Señor es Aquel que dio a cada cosa su forma y naturaleza propia, y luego la guió» (Corán, 20:50). Por consiguiente, la noción de una «evolución teísta» —donde el despliegue de las formas vivas responde a un ordenamiento inteligente providencial— es conceptualmente compatible con la cosmovisión coránica, siempre que se despoje a la teoría de la pretensión atea de erigir el azar fortuito en principio rector de la existencia.
Análisis y deconstrucción de aparentes contradicciones científicas
La embriología coránica y la acusación de plagio de Galeno
En la sura Al-Mu’minun (23:12-14) se describen las fases del desarrollo prenatal: «Gota fecundada (nutfah) ➔ Coágulo adherente (‘alaqah*) ➔ Masa semejante a carne masticada (mudghah) ➔ Formación ósea (‘izam) ➔ Revestimiento de los huesos con tejido muscular y carne (lahm)»*.
La objeción escéptica: Se alega con frecuencia que esta secuencia fue una mera copia de las doctrinas embriológicas de Hipócrates, Aristóteles o Claudio Galeno (médico griego del siglo II d.C.).
La refutación racional: Un cotejo filológico e histórico de los textos demuestra que Galeno sostenía la tesis errónea de que el embrión se forma primordialmente a partir del esperma masculino sirviendo la mujer de mero receptáculo pasivo, mientras que el Corán enfatiza el concepto de nutfah amshay (gota compuesta de fluidos interconectados de ambos progenitores). Asimismo, los términos descriptivos coránicos son de una precisión fenomenológica notable: ‘alaqah no solo significa coágulo, sino literalmente «algo que pende, se aferra o sanguijuela», lo que describe exactamente la implantación del blastocisto en el endometrio uterino y su nutrición sanguínea; por su parte, mudghah designa una masa con marcas dentadas, semejante a las indentaciones de los somitas en el embrión humano durante la cuarta y quinta semana de gestación. El Corán no pretendió redactar un manual de anatomía patológica, sino despertar el asombro del hombre ante la metamorfosis de la materia inerte en un ser dotado de conciencia y espíritu.
La función del «corazón» (Qalb) y las neurociencias modernas
La objeción escéptica: El Corán atribuye reiteradamente el discernimiento, el intelecto, la fe, la duda y el endurecimiento moral al «corazón» o al pecho (qulub, sudur): «Tienen corazones con los que no comprenden» (Corán, 7:179). Los críticos argumentan que esto denota una ignorancia fisiológica, pues las funciones cognitivas y la memoria radican en el cerebro y en la corteza prefrontal, no en el miocardio.
La refutación lingüística y semántica: Esta crítica denota una total incomprensión de la semántica metafórica y de la psicología profunda del lenguaje. En todas las lenguas humanas (incluidos el español y el inglés), expresiones como «saberlo de corazón», «aprender de memoria» (learn by heart) o «tener un corazón duro» simbolizan las emociones fundamentales, el centro de la voluntad moral y la intuición ética; nadie tildaría de ignorante anatómico a un literato o ensayista contemporáneo por emplear tales giros idiomáticos. En la cosmovisión coránica, el qalb no se reduce a la bomba mecánica circulatoria, sino que designa el núcleo integrador de la personalidad humana, el puente entre el alma espiritual (ruh) y el soma corporal. Significativamente, cuando el Corán alude al foco anatómico de la toma de decisiones deliberadas, el engaño y la soberbia, se refiere de forma explícita al área anterior de la cabeza: «¡Ciertamente, si no desiste, le arrastraremos por el copete, una frente (nasiyah) mentirosa y pecadora!» (Corán, 96:15-16), aludiendo con asombrosa intuición al lóbulo prefrontal del cerebro humano, sede de la volición ejecutiva.
Los fenómenos meteorológicos y la desmitificación de la naturaleza
En las mitologías de la Antigüedad politeísta —como en la Grecia clásica o en la Roma pagana— el trueno, el rayo y la tempestad eran interpretados como arrebatos caprichosos o armas bélicas de dioses como Zeus o Júpiter. El Corán desmitificó por completo el mundo físico: las fuerzas meteorológicas no son entes antropomórficos ni espíritus malignos, sino fenómenos naturales sujetos a leyes cósmicas inmutables instituidas por el Creador: «Y jamás encontrarás alteración en la ley de Dios» (Corán, 35:43). Los fenómenos de la naturaleza actúan como causas secundarias dentro de una trama de regularidad universal que da testimonio del Creador primordial.
La naturaleza como «signo» (Ayah): El motor del florecimiento científico del islam
¿Por qué el mundo islámico experimentó entre los siglos VIII y XIV (la llamada Edad de Oro del islam) un monumental desarrollo en astronomía, matemáticas, óptica, botánica y medicina, mientras Europa permanecía bajo el letargo escolástico? Científicos pioneros como Ibn al-Haytham (Alhacén, padre del método experimental y la óptica), Ibn Sina (Avicena), Nasir al-Din al-Tusi o Yabir ibn Hayyan no consideraban la investigación empírica un acto de rebeldía contra Dios, sino un deber religioso y un acto de adoración intelectiva.
Este dinamismo se originó en la noción coránica de «Ayah» (Signo):
El cosmos como libro abierto: Para el Corán, el universo no es un ente autónomo y autosuficiente desprovisto de significado, sino una vasta red de signos (ayat) que remiten al Arquitecto Universal. Conocer el funcionamiento matemático y natural de las criaturas acerca al creyente al conocimiento de Dios. Por consiguiente, investigar la naturaleza es descifrar la escritura divina plasmada en la creación.
El magisterio del Imam Ali (P) en el Nahy al-Balaghah: El primer Imam de la tradición chiita, Ali ibn Abi Talib (P), dedicó célebres sermones a exhortar a sus contemporáneos a analizar con agudeza empírica la anatomía y fisiología de criaturas tan diversas como la hormiga, el murciélago o el pavo real, así como el equilibrio gravitacional de los astros. Esta aproximación constituyó la invitación más sistemática a la observación empírica, la deducción lógica y el pensamiento inductivo en la historia del pensamiento religioso.
Conclusión: Convergencia de la verdad revelada y los horizontes del saber experimental
La síntesis de la racionalidad chiita respecto a la dialéctica entre ciencia y religión se articula en tres conclusiones esenciales:
Diferenciación de dominios: la ciencia responde al «cómo» y la revelación al «para qué»: La ciencia empírica posee herramientas metodológicas óptimas para medir y describir los mecanismos operacionales de la materia (cómo se divide una célula, cómo se curvan las trayectorias espaciales o cómo interactúan las partículas subatómicas). Sin embargo, debido a sus propios límites epistemológicos, la ciencia no puede dar respuesta a los interrogantes últimos y de sentido: ¿Por qué existe algo en lugar de nada? ¿Cuál es el significado del sufrimiento humano? ¿Cuál es el fundamento incondicionado de la justicia moral? En este ámbito existencial y trascendente es donde la revelación desempeña su magisterio insustituible.
Superación del doble dogmatismo: Es tan perjudicial para el pensamiento genuino subordinar arbitrariamente la exégesis de la fe a teorías empíricas contingentes mediante una pseudociencia concordista, como descalificar fanáticamente los avances del conocimiento empírico en nombre de un literalismo ciego.
Unidad armónica entre la creación y la palabra: En la cosmovisión islámica chiita, el cosmos creado y la revelación emanada son dos espejos de una única y misma Realidad divina. Cuanto más progresa el ser humano en desentrañar las leyes matemáticas, la complejidad del genoma y las sobrecogedoras dimensiones del universo, más resplandecen ante la razón las advertencias, intuiciones y horizontes éticos que el Sagrado Corán depositó en el corazón de la humanidad.
📚 LECTURA COMPLEMENTARIA RECOMENDADA |
Glosario de términos islámicos y conceptuales
‘Aql (عقل): Facultad intelectiva, discernimiento racional y juicio lógico; en la teología y jurisprudencia chiita es una de las fuentes normativas y un pilar insustituible para validar la fe.
Ayah (آية): Literalmente «signo», «señal» o «huella». Designa tanto a cada uno de los versículos del Sagrado Corán como a los fenómenos de la naturaleza que revelan el diseño divino.
I’yaz ‘Ilmi (إعجاز علمي): Doctrina apologética que proclama el «milagro científico» del Corán, intentando deducir descubrimientos de la ciencia moderna a partir de sus versículos.
Nahy al-Balaghah (نهج البلاغة): «La cumbre de la elocuencia»; magna recopilación de sermones, cartas y aforismos del Imam Ali (P), donde se conjugan la metafísica, la ética política y la contemplación de la naturaleza.
Qalb (قلب): Término coránico que hace referencia al «corazón», entendido en la antropología islámica no solo como órgano físico, sino como el centro integrador de la conciencia moral, la intuición espiritual y la volición humana.
Tafakkur (تفكر): Reflexión sistemática, contemplación deliberada y meditación profunda sobre la creación y los textos revelados.
Takwin (تكوين): El orden ontológico de la creación cósmica y las leyes biológicas y físicas que rigen el universo (el orden natural).
Tashri‘ (تشريع): El orden normativo, legislativo y espiritual promulgado mediante la revelación profética para la conducta humana.
Ta’wil (تأویل): Exégesis profunda e interpretación hermenéutica que trasciende el sentido literal inmediato de un texto para descubrir su significado profundo y esencial.
Bibliografía y fuentes documentales
El Sagrado Corán: Traducción del significado y comentarios analíticos.
Tabataba’i, Sayyid Muhammad Husayn: Al-Mizan fi Tafsir al-Qur’an, 20 volúmenes, Qom, Yami‘at al-Mudarrisin.
Motahhari, Morteza: El hombre y la fe e Introducción a la cosmovisión islámica, Teherán, Sadra.
Al-Jo’i, Sayyid Abu al-Qasim: Al-Bayan fi Tafsir al-Qur’an (Prolegómenos a la interpretación del Corán), Beirut, Dar al-Zahra.
Al-Sharif al-Radi (Comp.): Nahy al-Balaghah (Sermones y cartas del Imam Ali ibn Abi Talib [P]), sermones 165 y 185 sobre la creación natural.
Al-Saduq, Sheij Muhammad ibn Ali ibn Babawayh: Kitab al-Tawhid, Qom, Mu’assasat al-Nashr al-Islami.
Barbour, Ian: Religión y ciencia: historia y método, Madrid, Ediciones Cristiandad.
Nasr, Seyyed Hossein: Ciencia y civilización en el islam, Madrid, Trotta.
Bucaille, Maurice: La Biblia, el Corán y la ciencia: Las Sagradas Escrituras a la luz del saber moderno, París, Seghers.
Iqra Online & WikiShia: Archivos de estudios analíticos sobre hermenéutica coránica y epistemología chiita contemporánea.
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